“Cuando la vida te da la misma medicina que diste: La vida siempre devuelve lo que sembramos
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POR: ANDRÉS CASTILLO
Santo Domingo- En estos tiempos donde muchos creen no necesitar a nadie amparados en su posición economía, o simple ignorancia se hace más necesario que nunca, recordar una verdad antigua: Nadie camina solo. El ser humano puede llenarse de orgullo, pero la vida, con su manera tan particular de enseñar, siempre termina devolviendo la saliva que algunos lanzan hacia arriba.
He visto durante años a personas hablar como si fueran dueñas del destino, como si supieran más que el propio futuro. Pero la realidad es terca: solo Dios conoce lo que vendrá, y quienes presumen de autosuficiencia suelen ser los mismos que luego se tropiezan con las consecuencias de su arrogancia.
Mientras estemos sobre la tierra, todos somos importantes y necesarios, aunque no indispensables. Y es precisamente por eso que deberíamos pensar con seriedad qué queremos cosechar mañana, porque lo que obtengamos dependerá de lo que sembremos hoy. La Biblia insiste en ello, y no lo hace en vano: Una mala siembra nunca produce una buena cosecha.
Por eso vemos a tantos pagando hoy lo que sembraron ayer: Desprecio, humillación, maltrato. Aquellos que alguna vez se creyeron superiores, hoy caminan con la cabeza baja, atrapados por su propio pasado. La vida no falla: El que sube mirando a los demás por encima del hombro, tarde o temprano tiene que bajar por la misma escalera y encontrarse con aquellos a quienes ignoró.
Y es allí donde surge la ironía humana: Cuando la vida cambia los papeles, muchos necesitan justamente de esa persona a quien jamás valoraron. Entonces buscar una mano amiga se convierte en un trago amargo, porque es difícil pedir ayuda a quien ayer fue tratado como si no valiera nada.
La vida gira como la tierra: Lo que hoy está adelante mañana puede estar atrás, y viceversa. Sin embargo, todavía hay quienes maltratan y pretenden luego que todo siga normal, como si el corazón ajeno tuviera un botón de borrado automático.
Esta nota no es una condena, sino un recordatorio urgente: Seamos cuidadosos con la forma en que tratamos a los demás, porque nadie sabe quién será la clave para abrir una puerta mañana, ya sea para nosotros, nuestros hijos, nuestros hermanos o nuestros amigos. La vida es justa, pero también es muy precisa: Devuelve exactamente lo que le damos.
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