“El tiempo dio la razón a Virgilio Almánzar: un defensor real que nunca fue escuchado”
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POR: ANDRÉS CASTILLO
SANTO DOMINGO — A pesar de que nunca le fue otorgada la posibilidad de ocupar oficialmente la figura de Defensor del Pueblo, hoy queda claro con hechos y acciones que Virgilio Félix Almánzar Estrella, ha sido (y sigue siendo) un verdadero defensor de los derechos humanos en la República Dominicana; un hombre cuyo compromiso con la gente reclama ser valorado, respetado y reconocido.
Desde hace décadas, Almánzar se ha destacado como presidente del Comité Dominicano de Derechos Humanos (CDDH), organización que ha denunciado abusos, promovido la justicia social y levantado su voz por quienes no tienen voz.
En el 2020, un conjunto de organizaciones comunitarias y sociales lo propuso formalmente como candidato a la Defensoría del Pueblo, reconociendo su “larga trayectoria… en favor de los más necesitados”.
Su postulación formaba parte de un esfuerzo legítimo por garantizar una persona comprometida, íntegra, sensible y con profundo conocimiento de las problemáticas sociales como titular de ese importante cargo.
Sin embargo, ese reconocimiento institucional nunca llegó. A pesar de su perfil, su entrega y su reputación, Almánzar fue excluido. Muchos cuestionaron entonces la decisión de ignorar a quien parecía encarnar desde su vida y obra los ideales de un defensor del pueblo.
Hoy, tras años de trabajo constante, sacrificio personal y defensa incansable, la evidencia está clara: su labor solidaria ha servido de ejemplo para comunidades vulnerables que no habrían tenido respaldo sin su intervención.
Almánzar ha demostrado que no ha buscado cargos por poder o beneficio personal, sino por vocación de servicio. Ha rechazado empleos o cargos que podrían comprometer su independencia moral, porque entiende como ningún otroque para proteger los derechos humanos no se puede estar condicionado a presupuestos ni compromisos políticos.
El Estado dominicano, las instituciones y la ciudadanía tienen una asignatura pendiente: reconocer a quienes realmente han dado la cara cuando otros callaron; quienes han defendido al débil sin pedir nada a cambio. Virgilio Almánzar no es una figura decorativa ni un nombre más en un listado: es un prototipo de dignidad, de empatía, de convicción, de integridad humana.
Si la Defensoría del Pueblo representa justicia, dignidad y defensa de los derechos fundamentales, entonces ¿qué mejor nombre que el de Virgilio Almánzar para encarnarla? Si hubo un error como muchos creemos al no concederle esa posición, el tiempo ya dio la razón. Y ese error debe corregirse.
Porque reconocer su valor no es un favor: es un acto de justicia. Y la justicia, tarde o temprano, se impone.
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