“Vaper y Hookah: La nueva trampa mortal que se vende como inocente”
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POR: ANDRÉS CASTILLO
Santo Domingo--En nuestras calles, discotecas, escuelas e incluso dentro de los hogares, una moda peligrosa está ganando terreno bajo la falsa apariencia de modernidad y “bajo riesgo”. Se trata del vaper y la hookah, dos artefactos promocionados como alternativas “más seguras” que el cigarrillo tradicional, pero que en realidad están provocando daños severos en la salud de miles de jóvenes y adultos que desconocen o prefieren ignorar sus consecuencias reales.
La industria detrás de estos dispositivos ha sabido vender una mentira atractiva: sabores dulces, humo con olor agradable, aparatos coloridos y la sensación de algo “cool” y “moderno”. Sin embargo, lo que no dicen es que el vapor que entra a los pulmones contiene químicos tóxicos, metales pesados, nicotina adictiva y sustancias que deterioran la función pulmonar, especialmente en personas jóvenes cuyos organismos aún están en desarrollo.
La hookah, por su parte, es aún más engañosa. Aunque muchos creen que el agua filtra las toxinas, la realidad es que una sesión de hookah puede equivaler a fumar decenas de cigarrillos, exponiendo al usuario a monóxido de carbono, alquitrán y sustancias cancerígenas. Y lo peor es que este consumo suele ser social, grupal e inofensivo a simple vista, lo que aumenta todavía más su impacto.
Pero el daño no es solo físico. Detrás del vaper y la hookah se esconde una creciente adicción silenciosa, disfrazada de moda. Jóvenes que nunca hubieran fumado ahora inhalan sustancias peligrosas todos los días, sin imaginar que están hipotecando su salud pulmonar y cardiovascular. Muchos de ellos ya presentan síntomas: falta de aire, tos crónica, irritación de garganta, mareos y disminución en el rendimiento físico. Todo esto mientras todavía creen que “solo es vapor”.
La verdad es que ni el vaper ni la hookah son juguetes, ni accesorios sociales, ni alternativas inocentes. Son puertas de entrada a enfermedades respiratorias, adicción y daño pulmonar real, problemas que ya están llenando hospitales y dejando secuelas duraderas en personas que apenas comienzan a vivir.
Como sociedad debemos dejar de normalizar prácticas que están destruyendo a nuestra juventud. Y, como comunicadores, es nuestro deber hablar claro y sin maquillajes:
lo que parece divertido hoy, puede ser el inicio de una tragedia mañana.
Se necesitan campañas educativas serias, responsabilidad familiar y regulaciones más estrictas. No podemos seguir permitiendo que la ignorancia, la moda o el mercadeo disfrazado pongan en riesgo vidas.
La salud es un regalo que no tiene repuesto. Y quienes hoy juegan con humo, vayan tomando en cuenta que al final siempre se paga la factura.
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