Delincuencia en Boca Chica le gana la batalla a las autoridades: crimen de Pablo Beato sigue sin respuestas
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Boca Chica, R.D. – La delincuencia parece ir un paso adelante de las autoridades en el municipio turístico de Boca Chica, luego de que, a casi dos días del asesinato del joven Pablo Beato, ocurrido en circunstancias aún no esclarecidas, las instituciones competentes no hayan ofrecido una sola respuesta concreta a la ciudadanía.
Según versiones preliminares, Beato habría sido ultimado por al menos tres individuos, en una zona donde existen cámaras de seguridad por doquier, lo que genera aún más interrogantes sobre la ineficiencia de los organismos responsables de la investigación. ¿De qué sirve un sistema de vigilancia si no se traduce en resultados?
Resulta preocupante que un municipio considerado uno de los principales destinos turísticos del país, y puerta de entrada para miles de visitantes nacionales y extranjeros, muestre un nivel tan alarmante de debilidad institucional frente al crimen. La falta de información, de detenidos y de avances en el caso deja mucho que decir sobre el compromiso real de las autoridades con la seguridad ciudadana.
Este hecho no solo enluta a una familia, sino que envía un mensaje peligroso: en Boca Chica se puede matar y no pasa nada. ¿Qué pensarán los turistas al ver que ni siquiera se esclarece el asesinato de un residente local? ¿Qué garantías existen para quienes visitan la zona?
Ante esta situación, se hace un llamado urgente al presidente de la República, Luis Abinader; a la ministra de Interior y Policía, Faride Raful; a la procuradora general, Yeni Berenice Reynoso; y al director de la Policía Nacional, para que dispongan una intervención inmediata, profunda y rigurosa en Boca Chica.
La inacción estatal alimenta la percepción de complicidad, negligencia o confabulación, hipótesis que no pueden descartarse cuando los casos se acumulan sin consecuencias.
Beato no es un hecho aislado. En los últimos años, Boca Chica ha sido escenario de múltiples eventos delictivos que aún permanecen en la memoria colectiva:
Asaltos a mano armada a turistas en la playa y zonas hoteleras.
Homicidios vinculados a disputas entre bandas locales.
Casos de sicariato y ajustes de cuentas sin esclarecer.
Robos violentos a comerciantes y trabajadores del sector turístico.
Denuncias reiteradas de puntos de drogas operando abiertamente.
Estos hechos evidencian un patrón: la delincuencia se ha fortalecido mientras la autoridad se ha debilitado.
Boca Chica no necesita más discursos ni promesas, necesita acciones concretas, arrestos, investigaciones transparentes y justicia real. De lo contrario, el municipio seguirá siendo rehén del crimen, y la Policía Nacional continuará perdiendo una guerra que, hasta ahora, parece estar ganando la delincuencia.
La seguridad no puede ser un privilegio. Es un derecho. Y hoy, en Boca Chica, ese derecho está siendo violentado ante la mirada indiferente del Estado.
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