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El error fatal de quienes dirigen instituciones: maltratar a sus propios aliados

El error fatal de quienes dirigen instituciones: maltratar a sus propios aliados

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Por el periodista Andrés Castillo

Santo Domingo--Por años hemos observado una realidad que se repite en prácticamente todos los escenarios de la vida: quienes más trabajan, más apoyan y permanecen al lado de un proyecto cuando las circunstancias son difíciles, muchas veces terminan siendo los menos valorados.

Y ese, a mi juicio, constituye uno de los errores más grandes que puede cometer una persona al frente de una institución. Porque un aliado no debería ser recordado únicamente cuando hace falta. El aliado es aquel que estuvo cuando otros estaban lejos, que tendió la mano cuando no era conveniente hacerlo y que defendió una causa sin esperar necesariamente una recompensa inmediata.

Sin embargo, en ocasiones ocurre exactamente lo contrario: quienes han mantenido distancia terminan recibiendo mayores consideraciones, mientras aquellos que han estado presentes durante años son
relegados, ignorados o tratados como si su respaldo nunca hubiese existido.
El tiempo termina colocando a cada quien en su lugar

Quienes ejercen posiciones de dirección deberían comprender que el poder es temporal, pero las relaciones y las consecuencias de nuestras decisiones permanecen.

El tiempo tiene una particularidad: no olvida.

No olvida las malas acciones, pero tampoco olvida la solidaridad, la lealtad y la bondad.

Por eso resulta peligroso para cualquier dirigente menospreciar a quienes durante años han contribuido, apoyado o defendido el trabajo de una institución.

Hoy puedes estar en la posición de decidir quién entra, quién sale, quién recibe una llamada y quién debe esperar; mañana las circunstancias pueden cambiar.

Y cuando cambien, quizás sea precisamente aquella persona a la que nunca se le respondió un mensaje o nunca se le reconoció su esfuerzo quien tenga la oportunidad de decidir si extiende la mano.
También ocurre con la prensa

Como periodista y director de un medio de comunicación, he podido observar esta realidad desde una posición particularmente sensible.

Noticias Sin Nada Que Ocultar RD puede tener un nombre fuerte, incluso incómodo para algunos, pero eso no significa que su línea de trabajo esté basada en el chantaje, la extorsión o la utilización de las debilidades de funcionarios para obtener beneficios.

Todo lo contrario.

El ejercicio periodístico debe sustentarse en profesionalidad, investigación, responsabilidad y apego a las leyes. Pero resulta lamentable descubrir que, en determinados espacios, pareciera que para recibir atención institucional algunos medios tienen que recurrir a mecanismos que nada tienen que ver con el verdadero periodismo.

Como si informar correctamente no fuera suficiente.

Como si la única manera de ser escuchado fuera atacar, presionar o convertir una situación determinada en una herramienta de negociación. 

 No todos los periodistas trabajan de esa manera.

Hay periodistas que pasan años construyendo sus medios, cubriendo actividades, trasladándose de un lugar a otro, invirtiendo recursos propios, produciendo contenidos y defendiendo el derecho de la sociedad a estar informada. Y muchas veces son precisamente esos profesionales quienes reciben menos atención. No porque carezcan de capacidad. No porque no tengan preparación. Sino porque no participan del juego del amiguismo ni convierten el ejercicio periodístico en una moneda de intercambio.

Y aquí aparece otra pregunta incómoda:

¿De qué sirve hablar de profesionalización de los medios de comunicación si las oportunidades continúan dependiendo, en algunos casos, de las relaciones personales y no de la calidad del trabajo?
El periodismo también necesita dignidad

Si la preparación, la dicción, la capacidad de comunicar, la fluidez, la producción periodística y los años de trabajo fueran los únicos criterios para medir el crecimiento de un medio, probablemente muchos profesionales que hoy permanecen en segundo plano estarían ocupando lugares mucho más destacados.

Pero la realidad es que el ecosistema de la comunicación también está marcado por relaciones, preferencias, cercanías y decisiones que no siempre responden al mérito profesional. Y eso debe ser cuestionado. No para pedir privilegios. Todo lo contrario: para exigir igualdad de oportunidades.

No se trata de que una institución tenga que favorecer a un medio porque ese medio la haya apoyado anteriormente. Se trata de que exista respeto, reciprocidad institucional y reconocimiento al trabajo serio. El aliado no puede convertirse en el último de la fila.

Los dirigentes deben aprender una lección fundamental: No maltrates a quienes te han acompañado cuando no los necesitabas. Porque quizás algún día los necesites nuevamente. Y cuando llegue ese momento, no bastará con llamar por teléfono y esperar que todo continúe igual.

La lealtad no es una obligación eterna. El apoyo tampoco es un cheque en blanco. Y la paciencia tiene límites.

Desde mi posición como periodista y director de Noticias Sin Nada Que Ocultar RD, considero que ha llegado el momento de defender un periodismo más firme, más profesional y más independiente, siempre dentro del marco de la Constitución, las leyes y los principios éticos de la profesión.

No necesitamos chantajear a nadie.  Necesitamos trabajar. No necesitamos amenazar a funcionarios. Necesitamos preguntar. No necesitamos utilizar las debilidades de nadie para conseguir beneficios. Necesitamos que nuestro trabajo tenga valor por sí mismo.

Porque al final, quienes hoy ocupan una oficina, una dirección o una posición de poder deben recordar algo que parece sencillo, pero que muchos olvidan: El cargo puede abrir muchas puertas, pero ninguna puerta permanece abierta para siempre.


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