Si el opresor no tiene apoyo entre los oprimidos no estuviera éxitos
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El desalojo es la materia prima de los invasores de sacos y corbatas
POR: CARLOS JUNIOR
La Caleta — Veo con preocupación cómo un grupo de personas ególatras y vacías se alegró de manera irresponsable por el último desalojo realizado por desaprensivos que, utilizando el poder económico y político, actuaron en contra de munícipes, en su mayoría comerciantes honrados de nuestro pueblo.
Por otro lado, también observo cómo algunos celebran lo ocurrido simplemente porque, en esta ocasión, no fue tocada la llaga que llevamos la mayoría de los habitantes de este pueblo: vivir durante años como ocupantes sin títulos de propiedad.
Creo que, más que alegrarnos por lo sucedido, debemos solidarizarnos con quienes hoy atraviesan esta desgracia y apoyarlos en todo lo que podamos, porque hoy fueron ellos, pero mañana puede ser cualquiera de nosotros.
Esto ya no es un problema particular; es un problema social. Y si no nos unimos para enfrentar a esos delincuentes de saco y corbata que, mediante papeles mostrencos y títulos falsamente elaborados, despojan a la gente humilde de lo suyo, el pobre y el de a pie seguirán siendo víctimas de las manipulaciones y abusos de este entramado que inicia en la jurisdicción inmobiliaria y termina en los tribunales de tierras de nuestro país.
Muchos de estos desaprensivos se esconden detrás de equipos de agrimensura, togas y birretes, convirtiéndose en victimarios de un pueblo dividido e ignorante, que hoy se alegra del mal ajeno sin entender que ese mal nos afecta a todos.
Si bien es cierto que el derecho de propiedad no prescribe, también es cierto que el Estado tiene la responsabilidad de buscar una solución definitiva a este problema social que afecta a miles de familias. Sin embargo, la ignorancia, la mezquindad y el egoísmo que muchas veces tenemos unos contra otros no nos permiten reconocer que en la unión está la fuerza.
Si no somos capaces de condolernos por lo ocurrido ayer en La Caleta, jamás lograremos lo que necesitamos como pueblo.
Recuerden siempre que un pueblo unido jamás será vencido. Si cien mil voces se unen en una sola voz, nuestro reclamo no solo llegará al Palacio Nacional, sino al mundo entero.
Es hora de exigir a las autoridades declarar nuestro territorio de utilidad pública y darnos la oportunidad de pagar las tierras que hemos ocupado de manera pacífica e ininterrumpida durante más de 60 años. Pero si no nos unimos, no habrá manera de lograrlo.
En las manos del pueblo está el poder de frenar lo que ocurrió ayer en La Caleta. De lo contrario, pongamos nuestra barba en remojo y preparémonos para volver a ocupar las orillas de cañadas y ríos junto a nuestras familias.
Por nosotros, por nuestros hijos y por nuestras familias, debemos unirnos; de lo contrario, sucumbiremos como pueblo y todo por lo que hemos luchado hasta hoy habrá sido en vano.
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